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Carta a SophiaSpace

Por Ramón Angulo, fundador de SophiaSpace



Te quiero contar 3 anécdotas de tu origen y que te dieron vida hija mía….


La primera se remonta cuando era un niño de 4 años y mi Papá me regaló el juguete para armar “Lego Space (497)”, que trataba sobre la construcción de una nave espacial. Le había costado a mi viejo $40.00 USD.



Cuando me entregó la enorme caja, sentí una emoción indescriptible. ¡Mis ojos desorbitados se humedecieron y sentí por primera vez cómo se me enchinaba la piel! ¡Quería abrazar a todos los que estaban a mi alrededor! Por fin, me había hecho de aquel juguete que había visto en ese catálogo de principios de 1978 y que me había mandado el mensaje “¡¡Ven por mí, no tardes!!” … -y sabes qué, no se equivocó-.


Sin duda, era el vehículo que mi imaginación quería para viajar por primera vez al espacio y mirar de cerca la estrellas.


Mi segunda anécdota se presentó dos años más tarde, -en septiembre de 1980-. Sentado frente al televisor de caja Sony que tenía mi Papá en su recamara, moví la perilla buscando alguna caricatura para ver. Eran las 8:00 de la noche y no encontraba caricaturas para ver. Fastidiado por no encontrar, en el último giro de perilla que me había decidido hacer, llegué a un canal donde vi a un señor sentado en una nave espacial hablando sobre el Cosmos, las Galaxias y las estrellas. ¡Inmediatamente me llamó la atención! Esa persona dentro de la “nave de la imaginación” era Carl Sagan, quién a lo largo de la serie “Cosmos, un viaje personal”, nos llevó a mi y a mi nave Lego Space a galaxias lejanas, mundos distintos …. ¡Era todo un viaje personal! Cada semana esperaba ansioso el día miércoles para ver a Carl Sagan hablar de manera sencilla pero muy apasionada sobre el Cosmos. Era un científico declamando poesía. El sembró la semilla sobre lo apasionante que es la divulgación espacial, y me hizo enamorar sobre el Cosmos y sus misterios.


Mi tercera anécdota se gestó a lo largo de más de 30 años y comenzó en el año de 1984. Mi Papá me puso un Mentor porque era un niño muy inquieto y siempre andaba en la Luna. Este mentor era el Dr. Luis Sánchez Varela, prestigiado psicólogo que en los años 60´s había participado como Jefe del equipo de psicólogos del Proyecto “Apollo” en la NASA y él junto con su equipo elaboró el perfil psicológico que debería de tener el astronauta que quisiera viajar a la luna.


Recuerdo cuando Luis amorosamente me regaló un “Radiometro de la NASA” qué tenía en su consultorio y que sigo conservando como un Tesoro.



Tuve la fortuna de haberlo tenido como Mentor más de 30 años. A lo largo de tantos años, tuvimos tantísimas reuniones y charlas en las que me habló sobre el Ser Humano, el Cosmos, Dios, la Ciencia, la Religión, la Tecnología, la Política, las Guerras, la Amistad, la Historia, la Genética, el Arte, el Cine, la Música, el Deporte, los Valores Universales, el Mundo, la Cultura, de Personajes Famosos, sus fantásticas anécdotas, mis Historias de adolescente. Hablábamos de libros y obras literarias, de la Familia, la Pareja, los Padres, los Hij@s, la Educación y .... del Amor. ¿Te digo cuál era su frase favorita? “El amor es la fuerza más poderosa de Universo”.


Luis me oriento y me cuidó como un segundo Padre. Fue él quien terminó de completar y cosecho la semilla que años atrás había sembrado mi Papá con el Lego y Carl Sagan con la nave de la imaginación.




Te contaré ahora, una analogía relacionada a éstas 3 anécdotas ….


La vida que hoy conocemos, se formó a través de una evolución de miles de millones de años y el suceso de varios accidentes.


Después de la explosión del Big Bang, la energía se condensó en materia, principalmente en átomos de hidrógeno que formaron grandes nubes y que se fueron alejando unas de otras rápidamente para después formar galaxias y soles.


Posteriormente, de la profundidad de los hornos estelares y de la fusión nuclear se crearon átomos más pesados qué junto con la ceniza dejada por el hidrógeno sería la materia prima de la que surgiría más tarde los planetas y la vida.


A manera de analogía y en un tiempo mucho menor para que surgiera la vida en algún lugar del Cosmos, tú hija querida, te formaste en lo más profundo del caldero de mi corazón, gracias a la suma de las 3 grandes anécdotas que te he contado junto con el acontecimiento de varias circunstancias y experiencias -varias de ellas mágicas- que me han sucedido a lo largo de la vida.


Ramón Angulo